
La conciencia fonémica es la capacidad de oír y jugar con los sonidos individuales, los fonemas, que forman las palabras habladas: notar que «sol» es s-o-l, que «sol» y «sopa» empiezan igual, que si a «mesa» le quitas la «m» queda «esa».
Es puramente oral. No hay letra impresa. Y importa muchísimo, porque la fonética, relacionar sonidos con letras, solo funciona cuando el niño puede oír esos sonidos. La conciencia fonémica es el suelo sobre el que se construye la fonética.
Por qué predice la lectura
El National Reading Panel de EE. UU. identificó la conciencia fonémica como uno de los cinco pilares de la lectura, y décadas de investigación la relacionan estrechamente con el éxito lector posterior.
Un niño que puede dividir las palabras habladas en sonidos encuentra mucho más fácil unir y decodificar cuando llegan las letras.
Lo alentador: responde muy bien a una práctica sencilla y lúdica, y no necesitas nada más que tu voz.
Juegos que la desarrollan
- Rimas: «¿Cuántas palabras se nos ocurren que rimen con ratón?»
- Sonidos iniciales: «¿Con qué sonido empieza “pelota”? ¿Qué más empieza así?»
- Unir de oído: tú dices «s… o… l», él adivina «sol».
- Separar: tú dices «pan», él lo divide en «p-a-n».
- Dar palmadas a las sílabas de nombres y palabras: «e-le-fan-te».
Cuándo y cuánto
Estos juegos van de maravilla a los niños de entre dos y cinco años, y siguen siendo útiles durante los primeros cursos. Unos minutos aquí y allá, en el coche, en el baño, esperando la cena, es más que suficiente.
Debe sentirse como un juego, nunca como un ejercicio, y asienta justo la habilidad que después hace que la fonética encaje.
